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Un marinero desaparece y todo queda en suspenso. Las cajas, las indemnizaciones vergonzosas, la crisis. La vida. Porque se trata de una vida, una vez más. Un barco de 12 metros de eslora frente a un mercante de 88. La desprotección del pequeño ante la envergadura del grande que se lo lleva por delante. Seguimos pendientes de Sergio Romay, 26 años, hijo del patrón del Tabar que limpiaba pescado sin sospechar que se le venía encima un mercante de grandes dimensiones. A veces la realidad supera a la ficción y la vida se convierte en una metáfora continua.
Para ese marinero de Malpica, ningún homenaje mejor. Que las cosas salgan lo mejor posible.
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