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Ha muerto Manuel Espiña. Un auténtico cura, como hay maestros auténticos. Un hombre que supo derribar los muros de los que se rodea casi siempre la iglesia católica y que concibió su sacerdocio siempre al lado de la gente y de la justicia. Por eso ofició las primeras misas en gallego en los años sesenta en plena dictadura. Criticó a Franco y fue multado y fue el depositario del Cristo Obrero de Luís Seoane, quien mejor. Ahora oficia sus misas en la comunidade Home Novo que él creó el teólogo y ex sacerdote Victorino Fernández Prieto. Está casado. Lógico y normal. Es depositario de otro de sus testamentos vitales. Home novo pide al ayuntamiento que reconozco la figura de Espiña. Nada más justo, nada más humano. HXHCSER.
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