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El Barcelona superó el duro escollo que suponía jugar en Riazor gracias a un Messi que quecon dos goles y
una exhibiciónde fútbol devolvió al Dépor a la realidad.
Durante media hora los pupilos
de Pep se hicieron con el monopolio del balón,
metieron al Deportivo en su área y comenzaron el asedio sobre Aranzubía. Fruto de ese acoso, llegó el primero de Messi, y Lotina comenzó a temer una "paliza" a los suyos.
No obstante, cuando más difícil lo tenía el Dépor, llegó el gol del empate. Adrián López, desaparecido hasta el momento, apareció para peinar un balón servido por Mista que Valdés se comió. A partir de ahí, el Dépor sacó sus mejores cartas y luchó de tú a tú ante el equipo de un incrédulo Pep Guardiola.
Los coruñeses comenzaron, ya en la segunda parte, a sufrir mucho menos e incluso a atreverse a adelantar la defensa. El Barcelona estaba dando signos de cansancio y Lotina fortaleció aún más su
bloque con la entrada de Juca.
El movimiento de
Guardiola fue meter a Pedrito, un jugador que resultó clave. El canario puso un centro medido al Balón de Oro, que el propio Messi remató a la perfección de cabeza. Luego, el Barça se
limitó a dejar correr el tiempo y Riazor vió la
última gloria para Ibrahimovic, que marcó cuando el estadio se vaciaba. Un soberbio gol tras un disparo seco, igual que hace una semana frente al Real Madrid, premió a uno de los mejores delanteros del mundo. Este Barça es imparable. Al Dépor le tiene que quedar el consuelo de haberle puesto las cosas muy complicadas a un equipo de leyenda.
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