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Pasadas las nueve y media de la mañana las excavadoras han vuelto a a Penamoa. Esta vez para derribar siete chabolas, en la parte próxima a la Tercera Ronda. Al igual que el pasado día 1, el derribo se ha realizado bajo la vigilancia de un amplio dispositivo policial, sin que se registrasen incidentes. Son familias que no se sumaron al plan municipal de integración chabolista. Entre las personas que han visto cómo tiraban su casa, una mujer que llevaba en Penamoa 28 años, acompañada de sus hijos.  Ahora quedan doce chabolas que se demolerán también bajo orden judicial. En las siete de hoy vivían nueve niños. Dos de los nueve pequeños han sido testigos de todo. Cuatro funcionarios del Servicio de Menores de la Xunta también han estado presentes. Desde el viernes están en contacto con las familias para encontrar la mejor alternativa para los niños, según Silvia Longueira, concejala de Servicios Sociales.  Ahora queda limpiar esa parte de Penamoa, de escombros de madera, material con el que estaban construidas las chabolas, de juguetes rotos, muebles y de mucha basura acumulada. En alguna de las infraviviendas, minutos antes de su demolición, pudimos ver un brasero que aún daba calor, una mesa camilla con una taza, un par de zapatillas pequeñas, un peine y un microondas. Vacía.
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